El cuento del invento
Un día, allá por los setenta, cuando la primera crisis del petróleo, las noticias eran catastrofistas, el hambre se cernía sobre la especie humana, el caos y las guerras eran inevitables.
La humanidad necesitaba fuentes alternativas de energía para evitar el dolor y la muerte de millones de personas.
¡cómo puede haber tanta gente encantada de asustar a los demás!
Todos los medios de comunicación, por unanimidad.
Para enriquecer a los propietarios de los derechos sobre el petróleo, y subir el precio del litro desde unos céntimos de peseta, hasta el euro actual.
Como este año han hecho con la gripe aviar. Un inmenso negocio, con una inmensa capacidad de publicidad, con una sencilla mentira.
El caso es que entonces, me puse a pensar en cómo poder resolver el problema de la energía.
Y, como dejé de estudiar física a los catorce años, mis recursos eran escasos.
En los setenta, creer en los ovnis, en los habitantes de otros mundos con una inmensa capacidad tecnológica, y un alma generosa, era muy progresista.
La mente humana, es infinita. El alma humana es una parte del alma del Universo, conectada al todo.
La conexión con qué partes del todo se hace con los sentimientos. Los pensamientos apenas sirven para nada, no se producen en palabras sino en comprensiones. No se producen en ningún idioma concreto. Por eso siempre requiere, luego, de una traducción cultural.
Contacté, con quien fuera, del otro lado, le pedí y me concedió la comprensión, más fácil para resolver el problema de la energía.
El uso de la fuerza de gravedad del planeta. Esta misma comprensión, en distintas etapas de la humanidad ha servido para los molinos de agua, y para la creación de electricidad de los embalses.
Primero, con la rueda, se aprendió a resistirlo, a soportarlo, a vencerlo. La rueda y la palanca son la misma cosa.
Hay dos etapas.
La comprensión, y la capacidad de explicación.
No todos los que usan la televisión son capaces de explicar cómo funciona. Ni siquiera los que usan una bombilla, ni siquiera los que vemos sabemos qué es la luz.
En la comunicación con los dioses, con la gente del más allá, siempre pasa lo mismo, el profeta es el que se encuentra con algún Dios, y luego, el problema no es que no haya sido auténtico el encuentro, sino cómo lo explica.
Abraham y Mahoma y Moisés y Buda, vivieron lo que vivieron, y contaron lo que pudieron, lo que recordaban, de lo que les preguntaban, y los que llegaron después volvieron a contar lo que les importaba a ellos, en la forma en la que les interesaba.
El caso es que se trataba de que hubiera una máquina que hiciera las veces de un río, que permitiera sacar energía de la propia fuerza de gravedad.
¿por qué no?
Lo pedí. Y me llegó la comprensión. Se trataba sólo de cambiarla de dirección. Que en vez de empujar de arriba abajo, que empujara de lado.
Imaginaba un ascensor, una bicicleta, un autobús.
Primero era la idea del autobús. Los asientos de los pasajeros estaban a una cierta altura, tú te sentabas, y, con tu peso hacías presión sobre una serie de palancas conectadas a un rodillo al que le transmitías la fuerza convirtiéndola en velocidad.
Cuando vencías la resistencia del rodillo, en el primer milímetro, pasabas a la siguiente palanca dándole más velocidad a costa de la tuya. Se trataba de que tardaras lo más posible, por ejemplo un cuarto de hora en treinta centímetros, luego te levantabas, el sillón volvía, por un muelle, a su posición inicial y volvías a sentarte.
Por supuesto, en las cuestas abajo, el autobús transmitía el frenado al mismo rodillo de acumulación de energía.
La historia del rodillo, como acumulador de energía, a cambio de velocidad se veía jugando con una bicicleta con las ruedas hacia arriba.
Y con las palancas de los diferentes piñones o ruedas dentadas.
La primera bicicleta de la que disfruté era de piñón fijo y ruedas macizas.
Volviendo al descubrimiento, al invento.
Contándolo como los asientos de los autobuses, nadie lo veía rentable, las transmisiones eran muy complicadas para el poco espacio, resultaba difícil calcular el aprovechamiento y la aceleración, y no podía demostrarlo.
Recurrí a la idea del ascensor. Ya hay edificios de cien metros de alto. Se podía aprovechar la energía de bajar. Algo restaría al coste de subir. Pero era insuficiente, la gente quiere bajar al menos tan deprisa como sube, y no le importa pagar su precio.
Y me alejaba de resolver el problema de la energía global.
De las primeras explicaciones se fue aclarando la idea. Al principio pensaba que lo que iba a sacar de provecho era el concepto de la aceleración de la fuerza de la gravedad. Y, ya mucho después, me di cuenta que era tiempo. Tiempo como unidad de energía. A que suena gracioso.
Sigo la secuencia histórica.
Me planteaba la hipótesis de la máquina:
Pongo, en un ascensor de un edificio de cien metros de alto, peso por mil Kilos.
Y, en cada centímetro, le pongo una palanca que transmite su peso a un rodillo, también de mil Kilos de peso.
Si hiciera una caída libre, una vez vencidas las resistencias iniciales, las velocidades y la energía serían semejantes PERO ¿qué ocurre si cada palanca, de cada centímetro de los cien metros, va parando la caída por la nueva resistencia de un nuevo “piñón”?
El ascensor tardaría en bajar varias horas, pero la energía acumulada en la velocidad ES IMPRESIONANTE.
Tantas veces mayor que el tiempo que habría tardado en la caída libre.
Intenté patentarlo.
Fui a la oficina de patentes. Me cobraron, me aburrieron, y me dijeron que no valía que era muy impreciso.
Pagué unos mil euros, creo que en el 82, a una empresa especializada en patentes, para que me hiciera la tramitación.
Después de explicarlo al encargado de la empresa, se lo pasaron al ingeniero que trabajaba con ellos, hizo el hombre sus cálculos, lo narró en el idioma técnico adecuado y lo presentaron para la patente.
Me dijeron en la empresa que el ingeniero quería hablar conmigo, quedé con él, y el hombre me felicitó lleno de admiración por mí, por mi descubrimiento. Admiración que trasladó a los otros empleados de la empresa.
Ya terminada la tramitación pregunté ¿qué se hace ahora? Nadie sabía. Hacer un prototipo. Podían hacer un prototipo de este tipo en Mondragón, pero me hicieron una estimación de más de cien millones de pesetas de entonces.
Decidí ganarlos. Pasaron los años y me comunicaron que habían rechazado la patente.
Participé en la organización de una empresa inmobiliaria en franquicia, a nivel nacional, pero, una vez montada cuando mi parte de las acciones ya valía más de los cien millones, con muy buen criterio, mis socios prefirieron quedarse con mi parte.
Hablando con un amigo de la infancia, en el dos mil tres, ingeniero, me dijo que le parecía factible.
Y decidí volver a patentarlo.
El farragoso problema de las trasmisiones podía resolverse con agua, con un líquido o incluso con un gas.
La conversión de la energía de la bajada del peso, aumentando la resistencia por mayor velocidad del rodillo en cada milímetro de la caída, y consiguiendo una casi parada, y por tanto un aumento del tiempo de bajada máximo durante horas, consigue una potencia muchísima mayor de la necesaria para volver a iniciar el proceso subiendo otra vez, los mil litros de agua a los cien metros iniciales. La diferencia es la que se puede aplicar a lo que se quiera.
Conclusión : la energía inagotable, el movimiento perpetuo, el fin del problema de la energía, y completamente limpia. Instalable en cualquier lugar donde haya fuerza de gravedad.
Bueno. Pues NO ME LO PATENTAN. ¿por qué? Porque el movimiento perpetuo es imposible, según la normativa vigente.
Este año me han comunicado la maravillosa respuesta.
Imaginemos una palanca, de dos brazos iguales, el típico balancín. Dos pesos iguales, el mismo tiempo en los dos brazos de la palanca. Ni ganamos ni perdemos.
Si hago la transmisión del ascensor al rodillo. En el mismo peso, y en el mismo tiempo, pierdo un chorro de energía por los rozamientos. Obtengo menos energía en el rodillo, y aún menos si la quiero convertir a electricidad por ejemplo.
Luego, lo normal es que no funcione. Cualquiera que haya estudiado física sabe esto. Es como aprender a contar. Y los números son los que son. Y el tiempo es el que es. El tiempo de las fórmulas siempre ESTÁ OBLIGADO A SER IGUAL. Mi máquina es imposible porque no le está permitido al tiempo ser un concepto, RELATIVO al lugar en el que está.
Pero mi máquina es posible. Vale con hacer la prueba. Un simple generador, un depósito de agua a una cierta altura, con “mil grifos finísimos” conectados a “mil palancas”, y a funcionar.
Esta vez no quiero esperar otros diez años, a tener tiempo de montar prototipos concretos.
Ahí va la idea, para todos los universitarios, para las universidades, para los ministerios de tecnología, para las empresas de energía, para los países pobres y para los países ricos. Para la humanidad. Para que no mueran más inocentes en Irak, para que no invadan Irán.
Me llamo Angel Luis Cancela Zapatero. Tengo 54 años cumplidos. Nací en la estepa del centro de España en Colmenar Viejo, que era un pueblo ganadero, pobre, cruel e ignorante, lleno de gente asustada y valiente, dura y tierna, contradictoria y generosa, como toda la humanidad.
Soy socialista, cristiano, musulmán, budista, y partidario de todas las verdades de la humanidad, no creo en Dios porque no necesito de fe para sentirle y verle, y amo de forma injusta a mis hijos, a mi mujer, a mi familia y a mis amigos, sobre el resto de la humanidad. No creo en la igualdad porque es evidente la bella diversidad, y creo que Dios es mucho más generoso que justo, por eso no hay pecado, y porque resulta absurdo pretender ofenderle.
He publicado varios libros de mística práctica y publico este cuento por internet, porque hay ahí mucha gente que oye la misma radio, la misma música de las estrellas que yo, que puede animarse a abrir la puerta de su alegría interior y compartir la entrada en el nuevo paraíso de una humanidad sin miedos, sin hambres, sin ignorancias.
No tengo por qué terminar también yo la máquina. ¡yo soy uno más!
Si te animas y consigues hacer funcionar un prototipo, me darás una alegría cuando me lo cuentes.
Mi correo es : angelluis@asociacionacacia.com